lunes, 14 de abril de 2014

En la Pareja Sana debe haber Límites Sanos

LOS LÍMITES ENTRE LA PAREJA
“El amor es delicia, tormento, delicia tormentosa, tormento delicioso, imán de imanes; pero no es la libertad”. Amado Nervo.
Los límites o las reglas empiezan por establecerse desde el primer momento en el que dos personas comienzan por relacionarse entre sí, en la medida en que verbal y corporalmente establecen un espacio físico y psicológico, con el que marcan los linderos en los que pueden moverse, o en otras palabras hasta donde está permitido el acceso del uno hacia el otro.
De hecho está bien claro, que las demás personas llegan a nuestra vida y hacen con nosotros todo aquello que les permitamos hacer. Por ejemplo, una persona que ha sido golpeada y maltratada físicamente por su pareja, en parte se debe a que lo ha permitido, bien sea porque cuando dio comienzo la relación no tenía formas de defenderse, por no haber sabido establecer los límites para protegerse de cualquier posibilidad de maltrato.
Y aunque lo ideal es establecer estos límites desde el inicio de la relación, también es válido negociar algunas reglas a partir del momento en el que se presente por primera vez una cierta conducta, estableciéndose con claridad que no se aceptará, por ningún motivo, que se repita. Al fin y al cabo, “errar es de humanos pero permanecer en el error es de necios”.
Las parejas deben aprender a solucionar sus diferencias y sus crisis, evitando buscar la separación o el divorcio, ante la primera dificultad que enfrenten. Para ello deben hablar con mucha claridad sobre todo aquello que espera uno del otro y de lo que no les agrada, así como de las consecuencias que traería para la relación si se llegaran a presentar esas conductas indeseables.
Una pareja debería ponerse de acuerdo desde el noviazgo, sobre temas como la forma en que van a llevar a cabo la planificación familiar, lugar en el que van a vivir, actividades que se espera llevarán a cabo en el hogar, manejo de la economía, toma de decisiones, relación con la familia extensa, etc.
La planificación familiar implica decidir sobre cuántos hijos desean tener, ya que algunas personas tienen expectativas de tener hijos o no tenerlos; y si esto no se clarifica desde el principio de la relación, podría convenirse en un motivo de conflicto en el futuro. Ponerse de acuerdo sobre el sistema de control de natalidad que van a utilizar, no sólo para evitar embarazos no deseados, sino para buscar un método que resulte justo y equitativo, así como las consecuencias para su bienestar y su salud, en especial cuando se hace uso de métodos que con el tiempo traen efectos colaterales, como los dispositivos y las pastillas.
En toda relación de pareja existe una dinámica de poder, en donde alguien se encuentra arriba y alguien abajo, a pesar de los intentos de muchas parejas por establecer una relación igualitaria. El ejercicio de este poder de una manera sana y adecuada, dentro de ciertos límites, permite la sobrevivencia de la relación y de la familia como una institución.
Lo ideal es un manejo del poder que se equilibre entre las acciones del hombre por satisfacer las necesidades materiales y de la mujer por satisfacer las necesidades afectivas. Sin embargo, a menudo el poder puede entrar en desequilibrio, en la medida en que un miembro de la pareja quiera imponerse sobre el otro o le desconozca en la toma de ciertas decisiones que deberían ser acordadas en pareja. Algunas personas hacen uso de la fuerza física y la agresión verbal, para ejercer poder sobre la pareja. El agresor se da cuenta de que lastima a su pareja, pero niega sus sentimientos y su culpa, debido a que en el caso de reconocer su error, se haría vulnerable y perdería poder frente a la otra persona, por lo que en lugar de cambiar, vuelve a agredir una y otra vez.
Existen otras formas para ejercer poder y control en la relación como lo son el dinero y la sexualidad. Es importante establecer límites respecto al punto de la economía, quién va a administrar el dinero, quién se encargará de hacer las compras, o en el caso de que la mujer trabaje qué hará con ese dinero, cómo van a ahorrar y para qué lo van a hacer, etc.
Otro elemento importante es establecer límites claros respecto al ejercicio de la sexualidad. En especial para evitar que un miembro de la pareja se sienta utilizado e incluso, prevenir la violencia sexual, de la cual somos conscientes, es objeto una gran cantidad de mujeres, quienes prácticamente se sienten violadas, de manera sistemática por sus propios esposos.
El sexo es también como el dinero, un elemento de poder en las parejas, ya que a través de la forma de ejercerlo, una persona puede establecer ciertas condiciones o manipulaciones para acceder a intimidar, e incluso, utilizarlo como un elemento de castigo, para hacer sentir mal a la otra persona o establecer el cobro de una acción inadecuada con respecto a otros asuntos más bien de tipo material y que no tienen nada qué ver con el manejo del afecto o la expresión de los sentimientos.
Otro factor para tomar en cuenta en el establecimiento de los límites, es la toma de decisiones, aspecto que también debe de ser tratado desde el noviazgo, con el fin de establecer con claridad quién tomará qué tipo de decisiones, así como cuáles decisiones deberán de ser tomadas de común acuerdo, bien sea en pareja o en familia.
Otro aspecto que debe de ser negociado desde el noviazgo es la participación que se desea tenga la familia extensa sobre la nueva familia que se desea formar. La práctica muestra que mientras más alejada se encuentre una pareja de sus respectivas familias de origen, es mucho mejor. Vivir con la familia de cualquiera de los miembros de la pareja e incluso, el sólo hecho de vivir cercas, trae con el tiempo muchos problemas, así como permitirles que opinen y emitan consejos que no han sido solicitados.
Contrato matrimonial
El matrimonio en sí mismo ya es un contrato, aunque lo que nos interesa realmente dentro de este espacio es el contrato psicológico, el que en gran parte ha sido determinado desde el momento en el que se inicia una relación, aunque la mayoría de las veces de una manera inconsciente.
El contrato es una de las maneras como las personas establecen los límites en una relación de pareja. La mayoría de las parejas se rigen por contratos informales e implícitos. Los contratos informales establecen aspectos cotidianos y se encuentran basados en las expectativas que cada uno de los miembros de la pareja se hace respecto a lo que se espera del otro. Los contratos implícitos tienen que ver con todo aquello que damos por sentado, que debe de hacer un hombre o una mujer dentro de una relación.
Algunas de las cláusulas de los contratos informales e implícitos, son secretas y desconocidas por nosotros mismos, como el hecho de esperar que la otra persona aliviará todo nuestro dolor y nos librará de la miseria interior, así como creer que es responsabilidad de la otra persona satisfacer todas nuestras carencias y necesidades emocionales.
Los contratos matrimoniales deben de ser explícitos y de preferencia formales e incluso, deberíamos hacerlos por escrito, porque de otra manera es posible que con el tiempo olvidemos todos aquellos puntos sobre los cuales en algún momento estuvimos de acuerdo, de la misma manera en que podríamos olvidar todas las promesas de amor eterno que hicimos mientras seducíamos a la pareja y le convencíamos de que éramos su mejor opción que tenía en la vida.
Los contratos cerrados, según Nena y George O’neil (1972), se encuentran basados en aspectos como:
1.    La posesividad, por lo que llevan a percibir a la pareja como una propiedad.
2.    La renuncia a la propia individualidad.
3.    El mantenimiento de la pareja como una unidad simbiótica, de tal manera que adonde va uno debe de ir el otro.
4.    El comportamiento rígidamente regulado por los conceptos de “macho” y ·hembra”.
5.    La fidelidad absoluta, no como elección voluntaria y amorosa, sino como una obligación.
6.    La exclusividad total.
Según los mismos autores, un contrato abierto debería estar basado en:
a)    La existencia autónoma.
b)    El desarrollo personal.
c)    El libre albedrío.
d)    Un comportamiento flexible.
e)    La confianza mutua.
f)     La expansión a través de la franqueza.
Desde esta perspectiva cuando un miembro de la pareja crece como persona, no solamente se estaría beneficiando a sí mismo, sino que estaría proporcionando un estímulo a su pareja para que también crezca.
En general las parejas revisan y confrontan los contratos a lo largo de su vida matrimonial, de una manera inconsciente e indirecta. Los contratos deberían de ser revisados de manera consciente y después de cierto tiempo, ya que nuestras expectativas y necesidades cambian con los años.
EL AMOR
El amor infantil dice: “amo porque soy amado”, el amor maduro dice: “soy amado porque amo”. Eric Fromm.
El amor, el último de nombrarse, porque éste no podría existir sin el respeto, una buena comunicación, la promoción de la autoestima, así como reglas claras y flexibles.
El amor es el más profundo y posiblemente complejo de todos los sentimientos, en éste existe aceptación, admiración, respeto, confianza e intimidad.
El amor es el sentimiento que más une a las personas como parejas. Existen facetas en el amor, como el amor romántico, caracterizado por el sentimiento idealizado de lo que creemos, debe ser el amor, aspecto que se corresponde con la primera fase del noviazgo.
Del amor romántico pasamos al amor apasionado, muy propio de la segunda parte del noviazgo y primeros meses del matrimonio.
El amor maduro, se encuentra anclado en la realidad, surge a partir del primer año de matrimonio, debiendo crecer poco, siempre y cuando se encuentre basado en el desarrollo de sus potencialidades, en el respeto mutuo, en la aceptación de las deficiencias y en la complementación de sus rasgos de personalidad.
Los expertos hablan también del amor activo, el que solamente puede lograrse cuando una persona ha satisfecho sus necesidades propias de amor desde una edad muy temprana. Se basa en la abundancia, quien se encuentra lleno de amor siente que tiene mucho que ofrecer a otra persona y a una relación.
La contraparte del amor activo sería el amor de déficit, caracterizado por una imperante necesidad de encontrar a alguien que llene nuestro vacío interior y nuestra carencia de afecto.
Fromm define el amor en términos de acción y de experiencia, desde su punto de vista existe una relación amorosa cuando una persona se comporta hacia la pareja de tal forma que le conoce, cuida, respeta y siente responsabilidad por ella. Esta idea de amor nos coloca en la posición de dar antes que recibir, al contrario de cómo muchas personas piensan, en el sentido de involucrarse emocionalmente en espera de que un alguien se haga responsable de ofrecerle su amor, de colmarle de sus cuidados y atenciones.
Para amar activamente se requiere entre otras cosas:
1.    Que además de tener amor para compartir, la persona tenga un sentido del valor del amor en sí mismo y por lo tanto, una buena autoestima.
2.    Capacidad para tolerar periodos de su vida sin amor o en otras palabras una cierta tolerancia a la frustración y habilidad para postergar no sólo su propia necesidad de afecto, sino sus impulsos sexuales.
3.    Un interés por su propio desarrollo y felicidad o en otras palabras amor por sí mismo. Al respecto, Fromm decía que: “No se puede amar a alguien si antes no se ama a uno mismo”. Ese amor hacia uno mismo es a su vez el resultado de haber sido amado por los padres y otras personas significativas.
4.    Que no tenga barreras internas como miedos y sentimientos de culpa, aspectos que pueden llevar a una persona a inhibir tanto su expresión de ternura y amor, como de su sexualidad.
Stemberg (1986), habla de la teoría triangular del amor, estableciendo que en el amor hay tres componentes: intimidad, pasión y decisión-compromiso. Teniendo en cuenta que la intimidad tiene que ver con sentimientos de cercanía, unión y vinculación, sentimientos de calidez, deseo de promover el bienestar en el otro, así como un mutuo entendimiento, dar y recibir apoyo emocional, tener una comunicación íntima y valorar todo lo relacionado con el otro.
Al hablar de la pasión se refiere a la atracción física, a la consumación sexual y a todos los fenómenos asociados con las relaciones de amor. En tanto que la decisión-compromiso tiene que ver con la decisión de amar a otra persona y el compromiso de mantener ese amor.
No es suficiente con sentir amor y afecto por la pareja, el amor hay que comunicarlo y demostrarlo en cada uno de nuestros actos. Si una persona por medio de sus actos no es capaz de transmitir a su pareja cuanto le ama y cuán importante es en su vida, el otro tal vez no se perciba amado y no se sentirá correspondido.
La incapacidad de transmitir el amor es mucho más común de lo que pensamos, debido a que es una habilidad que debimos haber desarrollado cuando éramos niños y depende de dos factores: de la calidad e intensidad de amor que experimentamos por parte de nuestra madre y por la forma como nuestros padres se expresaban el afecto en esa etapa de su vida de pareja. Ese amor debió de haber sido comunicado no sólo con palabras sino con ternura y contacto físico, así como con mensajes en los cuales se nos hacía saber cuán importantes éramos como seres humanos y como personas.
Amor y Sexualidad
Muchas personas tienden a relacionar de manera automática el amor con el sexo, desconociendo que puede existir amor sin sexualidad, así como puede haber sexualidad sin amor. Podemos llamar una conducta amorosa, a la preocupación por la felicidad, el bienestar y el desarrollo de otra persona, a pesar de que no exista ningún tipo de interés sexual.
El acto sexual vivido con una persona a quien se ama de una manera activa y madura, puede ser una de las experiencias más sublimes, intensas, maravillosas y significativas. Usualmente este tipo de experiencias generan cierta magia, así como el anhelo de repetir la experiencia una y otra vez. Al contrario de las personas que llegan a tener relaciones sexuales con el fin de satisfacer una necesidad netamente biológica, carente de afecto y romanticismo, o que permiten a su pareja desahogar sus instintos, siendo tratados simplemente como objetos.
Para que una mujer viva su sexualidad con entrega, requiere un ambiente de seguridad emocional y sentir que no es un objeto sexual. Un compañero tierno y sensible que le conduzca al juego amoroso poco a poco en un proceso carente de prisas y brusquedades, a la vez que le haga sentir amada y valorada. Mientras que de su parte ella requiere soltarse y concentrarse en su cuerpo y en las sensaciones que le brindan placer, sin experimentar dudas, temores o culpas.
Hay quienes hablan de “hacer el amor”, asociando esta expresión al simple acto sexual, cuando en realidad hacer el amor es cortejar, enamorar y hacer sentir única a la otra persona, así como preocuparse por ella y por su bienestar general.
El amor como una experiencia emocional
Cuando una persona ama intensamente, se identifica con el otro, ocupándose del bienestar y felicidad del sujeto amado, sintiendo el placer y el dolor del otro como si fuese propio, a la vez que reacciona a lo que le sucede a su pareja de la misma forma cómo reacciona ante acontecimientos que le afectan personalmente. Esto facilita el proceso de la empatía, que lleva a la persona que ama a evitar hacer algo que lastime al otro, así como a fomentar su bienestar y felicidad.
Sólo el ser que ama es consciente del sentimiento que experimenta y del alcance de los sacrificios que podría llegar a hacer por el sujeto amado. De allí que resulte tan difícil a veces entender ciertas conductas de la persona enamorada y su capacidad de renuncia. Tal vez sea por ello que las personas muy racionales y poco emotivas, califican el amor con expresiones como: “El amor es locura” o “El amor es ciego”.
CARACTERÍSTICAS PROPIAS DE LAS PAREJAS SANAS
Además de las características antes descritas, existen otras propias de las personas que son parte de parejas sanas. Entre ellas las siguientes:
·         Son personas seguras de sí mismas.
·         Se apoyan mutuamente.
·         Tienen libertad para actuar.
·         Saben posponer sus necesidades.
·         Pueden establecer relaciones profundas y duraderas.
·         Aprenden de la experiencia.
·         Tienen una actitud positiva y optimista.
Son seguros de sí mismos
Las personas seguras de sí mismas no tienen por qué experimentar los celos patológicos que tanto lastiman una relación de pareja. Tampoco ocultan sus sentimientos y son capaces de aceptar sus limitaciones, de la misma manera en que aceptan sus cualidades y atributos que tienen, así como las cualidades que posee su pareja.
El concepto positivo (auto-concepto) que se tiene de sí mismo, se desarrolla cuando una persona está segura de sí misma y por lo tanto puede transmitir esa seguridad a la relación de apareja y darle seguridad al otro. Transmitir la seguridad de que se es una persona confiable, que sabe lo que quiere y es consciente de a dónde se dirige.
Se apoyan mutuamente
Aquella expresión que dice: “No hay peor enemigo del hombre que el hombre mismo”. Puede ser interpretada como que el hombre como ser humano es el que más daño se hace entre sí como especie, pero también podría ser interpretada en el sentido de que cada persona puede ser su peor enemigo de sí mismo, en la medida en que se lastime o se autocastigue, al hacer toda clase de cosas que vayan contra el bienestar y la vida, trayéndole con el tiempo dolor, sufrimiento y la muerte misma.
Las personas que consumen tabaco, alcohol y drogas, por ejemplo, se hacen daño a la salud, pero de paso pueden causar mucho dolor tanto a su pareja como a sus hijos y familiares.
Una condición para establecer una relación sana de pareja en la que se pueda esperar ayuda mutua y se auto valoran. No podríamos esperar apoyo y valoración de alguien que ni siquiera puede valerse por sí mismo y sobre todo valorarse a sí mismo.
En las parejas insanas uno o los dos miembros se lastiman a sí mismos y a los demás con sus palabras o con sus acciones.
Tienen libertad para actuar
Algunas personas carecen de libertad para elegir entre hacer o dejar de hacer algo, en las relaciones de pareja, algún miembro puede pretender quitarle la libertad de elegir al otro, como si fuese un objeto de su propiedad que debe de pedir permiso para toda clase de acciones, incluso tan insignificantes como a dónde ir y con quién ir, qué comprar, qué ropa usar, etc.
Las parejas sanas son conscientes de que aunque son una pareja cada uno tiene libertad para decidir qué hacer y qué no hacer en el caso de aquellas decisiones que siempre se han tomado individualmente.
Las decisiones que atañen a la pareja y a los hijos deben ser tomadas de común acuerdo, de una manera racional y adulta, sin tratar de imponer sus puntos de vista.
Esta libertad de elección también debe de cultivarse en los hijos y una manera de hacerlo es teniendo en cuenta los siguientes puntos:
1.    Promoviendo una comunicación franca y abierta que permita a los hijos expresar lo que deseen, a la vez que emitir sus opiniones, así como hablar de sus temores y de sus ansiedades. Darles la razón cuando la tienen e invitarlos a comprender también nuestros argumentos.
2.    Establecer reglas y límites claros y firmes, pero también flexibles, para facilitar que los hijos desarrollen un sistema sano que les ayude a controlar sus impulsos. Los hijos que obtienen todo lo que desean y al instante, tienden a volverse esclavos de sus propios impulsos, perdiendo la libertad para elegir.
3.    Hacerles ver que tienen facultades para elegir, en especial en todas aquellas decisiones que les concierne a ellos, como lugar en el que van a estudiar, dónde vacacionar, ropa que usan, hobbies y gustos, etc.
4.    Ayudarles a tomar conciencia de que el poder tomar elecciones tiene sus consecuencias y que tales consecuencias a veces no son tan positivas como uno usualmente espera.
Saben posponer sus necesidades
La capacidad de posponer nuestras necesidades y la satisfacción de las mismas, es una de las características que nos diferencian de los animales. El hecho de que una persona pueda esperar entre el estímulo y la satisfacción un tiempo razonable, tiene mucho que ver con la capacidad que se tenga para manejar la frustración.
Las personas con bajo nivel de tolerancia y poco manejo de la frustración se vuelven irritables y explosivas cuando desean algo y no lo obtienen al momento.
La capacidad de postergar los impulsos, las necesidades y la satisfacción de las mismas, no debe de confundirse con debilidad o falta de espontaneidad. Postergar los impulsos es tener la capacidad para pensar en la otra persona y hacerle su vida lo más llevadera posible.
Pueden establecer relaciones profundas y duraderas
La capacidad de establecer relaciones profundas y duraderas con una pareja o con otras personas como hijos, familiares y amigos, es algo que se aprende en el hogar de parte de padres que saben comunicarse el afecto entre sí y comunicarlo a sus hijos, así como establecer límites de una manera adecuada. De hecho esto no es algo que se enseña, sino que se modela con el ejemplo.
Para el establecimiento de una relación profunda de pareja, se requiere de dos personas que han crecido en ambientes sanos en los que se promovía el respeto y la empatía, con lo que aprendieron a ponerse en el lugar de los demás y a ser tolerantes con las debilidades y errores del prójimo.
Niños que han sido sobreprotegidos por sus padres, defendidos por estos de sus compañeros, maestros y autoridades, cuando les han tenido que llamar la atención por su conducta, que no han aprendido a superar las frustraciones y a postergar sus impulsos, tienden a volverse demasiado egoístas e insensibles y por lo tanto a esperar mucho de los demás, a la vez que ofrecen muy poco de sí mismos.
Por otro lado existen aquellas otras personas que pueden establecer relaciones muy profundas, pero no duraderas y que van de una relación a otra en espera de encontrar una en la que perdure el romance propio de la primera fase de una relación de pareja. Estas personas tienen la facultad para salir de una relación tan rápidamente como han llegado a ella.
Aprenden de la experiencia
Una pareja emocionalmente sana aprende que cada uno de los miembros debe de cambiar su conducta, cuando perciba que ésta resulta contraproducente para el bienestar de la relación.
Para el establecimiento de estos cambios y ajustes, se requiere que sean personas flexibles intelectual y emocionalmente. A no ser que algún elemento de la pareja le pida al otro que acepte cambios en su manera de pensar o de actuar con respecto a principios.
Un miembro de la pareja podría pedirle al otro que cambiara en algunos de sus valores o que por lo menos aceptara el hecho de que tuviese una escala diferente de valores, mas no debería de ser así en relación con los principios. Los principios no pueden quebrantarse, porque son los faros que rigen nuestra vida, sin ellos nos sentiríamos perdidos como individuos y como parejas. Por ello no podríamos pedirle a nuestra pareja que faltara a la rectitud, a la integridad, la honestidad o la dignidad, por ejemplo, en aras de complacernos o de demostrarnos su afecto.
Es importante enfatizar también el hecho de que una persona no debe de cambiar simplemente por darle gusto a la otra, sino que puede cambiar porque haya comprendido cuáles son las ventajas de un cambio en un comportamiento del que se ha dado cuenta le ha afectado en el pasado, o porque sea consciente de que tal cambio le traería beneficios para su desarrollo como persona y de paso traerá un beneficio para el buen funcionamiento de la relación.
Hacer cambios solamente para complacer a la pareja, puede traer con el tiempo un deterioro para la autoestima y sentimientos de frustración que pueden ser almacenados como bonos por cobrar en el futuro con sus respectivos intereses.
Poseen una actitud positiva y optimista
“Nada ha cambiado a mi alrededor, excepto mi actitud y todo ha cambiado”, decía Tony de Mello, sacerdote y psicólogo jesuita. La actitud lo es todo en una relación cualquiera de tipo interpersonal y de manera muy especial lo es en una relación de pareja.

Las actitudes se encuentran respaldadas por creencias y las creencias determinan lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Si una persona cree que el matrimonio es algo bueno para ella y que además se ha casado con la persona adecuada, hará todo lo posible por demostrarse a sí mismo, a su pareja y a todas aquellas personas que le rodean que efectivamente tenía toda la razón.

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