LOS LÍMITES ENTRE LA PAREJA
“El
amor es delicia, tormento, delicia tormentosa, tormento delicioso, imán de
imanes; pero no es la libertad”. Amado Nervo.
Los
límites o las reglas empiezan por establecerse desde el primer momento en el
que dos personas comienzan por relacionarse entre sí, en la medida en que
verbal y corporalmente establecen un espacio físico y psicológico, con el que
marcan los linderos en los que pueden moverse, o en otras palabras hasta donde
está permitido el acceso del uno hacia el otro.
De
hecho está bien claro, que las demás personas llegan a nuestra vida y hacen con
nosotros todo aquello que les permitamos hacer. Por ejemplo, una persona que ha
sido golpeada y maltratada físicamente por su pareja, en parte se debe a que lo
ha permitido, bien sea porque cuando dio comienzo la relación no tenía formas
de defenderse, por no haber sabido establecer los límites para protegerse de
cualquier posibilidad de maltrato.
Y
aunque lo ideal es establecer estos límites desde el inicio de la relación,
también es válido negociar algunas reglas a partir del momento en el que se
presente por primera vez una cierta conducta, estableciéndose con claridad que
no se aceptará, por ningún motivo, que se repita. Al fin y al cabo, “errar es
de humanos pero permanecer en el error es de necios”.
Las
parejas deben aprender a solucionar sus diferencias y sus crisis, evitando
buscar la separación o el divorcio, ante la primera dificultad que enfrenten.
Para ello deben hablar con mucha claridad sobre todo aquello que espera uno del
otro y de lo que no les agrada, así como de las consecuencias que traería para
la relación si se llegaran a presentar esas conductas indeseables.
Una
pareja debería ponerse de acuerdo desde el noviazgo, sobre temas como la forma
en que van a llevar a cabo la planificación familiar, lugar en el que van a
vivir, actividades que se espera llevarán a cabo en el hogar, manejo de la
economía, toma de decisiones, relación con la familia extensa, etc.
La
planificación familiar implica decidir sobre cuántos hijos desean tener, ya que
algunas personas tienen expectativas de tener hijos o no tenerlos; y si esto no
se clarifica desde el principio de la relación, podría convenirse en un motivo
de conflicto en el futuro. Ponerse de acuerdo sobre el sistema de control de
natalidad que van a utilizar, no sólo para evitar embarazos no deseados, sino
para buscar un método que resulte justo y equitativo, así como las
consecuencias para su bienestar y su salud, en especial cuando se hace uso de
métodos que con el tiempo traen efectos colaterales, como los dispositivos y
las pastillas.
En
toda relación de pareja existe una dinámica de poder, en donde alguien se
encuentra arriba y alguien abajo, a pesar de los intentos de muchas parejas por
establecer una relación igualitaria. El ejercicio de este poder de una manera
sana y adecuada, dentro de ciertos límites, permite la sobrevivencia de la
relación y de la familia como una institución.
Lo
ideal es un manejo del poder que se equilibre entre las acciones del hombre por
satisfacer las necesidades materiales y de la mujer por satisfacer las
necesidades afectivas. Sin embargo, a menudo el poder puede entrar en
desequilibrio, en la medida en que un miembro de la pareja quiera imponerse
sobre el otro o le desconozca en la toma de ciertas decisiones que deberían ser
acordadas en pareja. Algunas personas hacen uso de la fuerza física y la
agresión verbal, para ejercer poder sobre la pareja. El agresor se da cuenta de
que lastima a su pareja, pero niega sus sentimientos y su culpa, debido a que
en el caso de reconocer su error, se haría vulnerable y perdería poder frente a
la otra persona, por lo que en lugar de cambiar, vuelve a agredir una y otra
vez.
Existen
otras formas para ejercer poder y control en la relación como lo son el dinero
y la sexualidad. Es importante establecer límites respecto al punto de la
economía, quién va a administrar el dinero, quién se encargará de hacer las
compras, o en el caso de que la mujer trabaje qué hará con ese dinero, cómo van
a ahorrar y para qué lo van a hacer, etc.
Otro
elemento importante es establecer límites claros respecto al ejercicio de la
sexualidad. En especial para evitar que un miembro de la pareja se sienta
utilizado e incluso, prevenir la violencia sexual, de la cual somos conscientes,
es objeto una gran cantidad de mujeres, quienes prácticamente se sienten
violadas, de manera sistemática por sus propios esposos.
El
sexo es también como el dinero, un elemento de poder en las parejas, ya que a
través de la forma de ejercerlo, una persona puede establecer ciertas
condiciones o manipulaciones para acceder a intimidar, e incluso, utilizarlo
como un elemento de castigo, para hacer sentir mal a la otra persona o
establecer el cobro de una acción inadecuada con respecto a otros asuntos más
bien de tipo material y que no tienen nada qué ver con el manejo del afecto o
la expresión de los sentimientos.
Otro
factor para tomar en cuenta en el establecimiento de los límites, es la toma de
decisiones, aspecto que también debe de ser tratado desde el noviazgo, con el
fin de establecer con claridad quién tomará qué tipo de decisiones, así como
cuáles decisiones deberán de ser tomadas de común acuerdo, bien sea en pareja o
en familia.
Otro
aspecto que debe de ser negociado desde el noviazgo es la participación que se
desea tenga la familia extensa sobre la nueva familia que se desea formar. La
práctica muestra que mientras más alejada se encuentre una pareja de sus
respectivas familias de origen, es mucho mejor. Vivir con la familia de
cualquiera de los miembros de la pareja e incluso, el sólo hecho de vivir
cercas, trae con el tiempo muchos problemas, así como permitirles que opinen y
emitan consejos que no han sido solicitados.
Contrato
matrimonial
El
matrimonio en sí mismo ya es un contrato, aunque lo que nos interesa realmente
dentro de este espacio es el contrato psicológico, el que en gran parte ha sido
determinado desde el momento en el que se inicia una relación, aunque la
mayoría de las veces de una manera inconsciente.
El
contrato es una de las maneras como las personas establecen los límites en una
relación de pareja. La mayoría de las parejas se rigen por contratos informales
e implícitos. Los contratos informales establecen aspectos cotidianos y se
encuentran basados en las expectativas que cada uno de los miembros de la
pareja se hace respecto a lo que se espera del otro. Los contratos implícitos
tienen que ver con todo aquello que damos por sentado, que debe de hacer un
hombre o una mujer dentro de una relación.
Algunas
de las cláusulas de los contratos informales e implícitos, son secretas y
desconocidas por nosotros mismos, como el hecho de esperar que la otra persona
aliviará todo nuestro dolor y nos librará de la miseria interior, así como
creer que es responsabilidad de la otra persona satisfacer todas nuestras
carencias y necesidades emocionales.
Los
contratos matrimoniales deben de ser explícitos y de preferencia formales e
incluso, deberíamos hacerlos por escrito, porque de otra manera es posible que
con el tiempo olvidemos todos aquellos puntos sobre los cuales en algún momento
estuvimos de acuerdo, de la misma manera en que podríamos olvidar todas las
promesas de amor eterno que hicimos mientras seducíamos a la pareja y le
convencíamos de que éramos su mejor opción que tenía en la vida.
Los
contratos cerrados, según Nena y George O’neil (1972), se encuentran basados en
aspectos como:
1. La
posesividad, por lo que llevan a percibir a la pareja como una propiedad.
2. La
renuncia a la propia individualidad.
3. El
mantenimiento de la pareja como una unidad simbiótica, de tal manera que adonde
va uno debe de ir el otro.
4. El
comportamiento rígidamente regulado por los conceptos de “macho” y ·hembra”.
5. La
fidelidad absoluta, no como elección voluntaria y amorosa, sino como una
obligación.
6. La
exclusividad total.
Según
los mismos autores, un contrato abierto debería estar basado en:
a) La
existencia autónoma.
b) El
desarrollo personal.
c) El
libre albedrío.
d) Un
comportamiento flexible.
e) La
confianza mutua.
f) La
expansión a través de la franqueza.
Desde
esta perspectiva cuando un miembro de la pareja crece como persona, no
solamente se estaría beneficiando a sí mismo, sino que estaría proporcionando
un estímulo a su pareja para que también crezca.
En
general las parejas revisan y confrontan los contratos a lo largo de su vida
matrimonial, de una manera inconsciente e indirecta. Los contratos deberían de
ser revisados de manera consciente y después de cierto tiempo, ya que nuestras
expectativas y necesidades cambian con los años.
EL
AMOR
El
amor infantil dice: “amo porque soy amado”, el amor maduro dice: “soy amado
porque amo”. Eric Fromm.
El
amor, el último de nombrarse, porque éste no podría existir sin el respeto, una
buena comunicación, la promoción de la autoestima, así como reglas claras y
flexibles.
El
amor es el más profundo y posiblemente complejo de todos los sentimientos, en
éste existe aceptación, admiración, respeto, confianza e intimidad.
El
amor es el sentimiento que más une a las personas como parejas. Existen facetas
en el amor, como el amor romántico, caracterizado por el sentimiento idealizado
de lo que creemos, debe ser el amor, aspecto que se corresponde con la primera
fase del noviazgo.
Del
amor romántico pasamos al amor apasionado, muy propio de la segunda parte del
noviazgo y primeros meses del matrimonio.
El
amor maduro, se encuentra anclado en la realidad, surge a partir del primer año
de matrimonio, debiendo crecer poco, siempre y cuando se encuentre basado en el
desarrollo de sus potencialidades, en el respeto mutuo, en la aceptación de las
deficiencias y en la complementación de sus rasgos de personalidad.
Los
expertos hablan también del amor activo, el que solamente puede lograrse cuando
una persona ha satisfecho sus necesidades propias de amor desde una edad muy
temprana. Se basa en la abundancia, quien se encuentra lleno de amor siente que
tiene mucho que ofrecer a otra persona y a una relación.
La
contraparte del amor activo sería el amor de déficit, caracterizado por una
imperante necesidad de encontrar a alguien que llene nuestro vacío interior y
nuestra carencia de afecto.
Fromm
define el amor en términos de acción y de experiencia, desde su punto de vista
existe una relación amorosa cuando una persona se comporta hacia la pareja de
tal forma que le conoce, cuida, respeta y siente responsabilidad por ella. Esta
idea de amor nos coloca en la posición de dar antes que recibir, al contrario
de cómo muchas personas piensan, en el sentido de involucrarse emocionalmente
en espera de que un alguien se haga responsable de ofrecerle su amor, de
colmarle de sus cuidados y atenciones.
Para
amar activamente se requiere entre otras cosas:
1. Que
además de tener amor para compartir, la persona tenga un sentido del valor del
amor en sí mismo y por lo tanto, una buena autoestima.
2. Capacidad
para tolerar periodos de su vida sin amor o en otras palabras una cierta
tolerancia a la frustración y habilidad para postergar no sólo su propia
necesidad de afecto, sino sus impulsos sexuales.
3. Un
interés por su propio desarrollo y felicidad o en otras palabras amor por sí
mismo. Al respecto, Fromm decía que: “No se puede amar a alguien si antes no se
ama a uno mismo”. Ese amor hacia uno mismo es a su vez el resultado de haber
sido amado por los padres y otras personas significativas.
4. Que
no tenga barreras internas como miedos y sentimientos de culpa, aspectos que
pueden llevar a una persona a inhibir tanto su expresión de ternura y amor,
como de su sexualidad.
Stemberg
(1986), habla de la teoría triangular del amor, estableciendo que en el amor
hay tres componentes: intimidad, pasión y decisión-compromiso. Teniendo en
cuenta que la intimidad tiene que ver con sentimientos de cercanía, unión y
vinculación, sentimientos de calidez, deseo de promover el bienestar en el
otro, así como un mutuo entendimiento, dar y recibir apoyo emocional, tener una
comunicación íntima y valorar todo lo relacionado con el otro.
Al
hablar de la pasión se refiere a la atracción física, a la consumación sexual y
a todos los fenómenos asociados con las relaciones de amor. En tanto que la
decisión-compromiso tiene que ver con la decisión de amar a otra persona y el
compromiso de mantener ese amor.
No
es suficiente con sentir amor y afecto por la pareja, el amor hay que
comunicarlo y demostrarlo en cada uno de nuestros actos. Si una persona por
medio de sus actos no es capaz de transmitir a su pareja cuanto le ama y cuán
importante es en su vida, el otro tal vez no se perciba amado y no se sentirá
correspondido.
La
incapacidad de transmitir el amor es mucho más común de lo que pensamos, debido
a que es una habilidad que debimos haber desarrollado cuando éramos niños y
depende de dos factores: de la calidad e intensidad de amor que experimentamos
por parte de nuestra madre y por la forma como nuestros padres se expresaban el
afecto en esa etapa de su vida de pareja. Ese amor debió de haber sido
comunicado no sólo con palabras sino con ternura y contacto físico, así como
con mensajes en los cuales se nos hacía saber cuán importantes éramos como
seres humanos y como personas.
Amor
y Sexualidad
Muchas
personas tienden a relacionar de manera automática el amor con el sexo,
desconociendo que puede existir amor sin sexualidad, así como puede haber
sexualidad sin amor. Podemos llamar una conducta amorosa, a la preocupación por
la felicidad, el bienestar y el desarrollo de otra persona, a pesar de que no
exista ningún tipo de interés sexual.
El
acto sexual vivido con una persona a quien se ama de una manera activa y
madura, puede ser una de las experiencias más sublimes, intensas, maravillosas
y significativas. Usualmente este tipo de experiencias generan cierta magia,
así como el anhelo de repetir la experiencia una y otra vez. Al contrario de
las personas que llegan a tener relaciones sexuales con el fin de satisfacer
una necesidad netamente biológica, carente de afecto y romanticismo, o que
permiten a su pareja desahogar sus instintos, siendo tratados simplemente como
objetos.
Para
que una mujer viva su sexualidad con entrega, requiere un ambiente de seguridad
emocional y sentir que no es un objeto sexual. Un compañero tierno y sensible
que le conduzca al juego amoroso poco a poco en un proceso carente de prisas y
brusquedades, a la vez que le haga sentir amada y valorada. Mientras que de su
parte ella requiere soltarse y concentrarse en su cuerpo y en las sensaciones
que le brindan placer, sin experimentar dudas, temores o culpas.
Hay
quienes hablan de “hacer el amor”, asociando esta expresión al simple acto
sexual, cuando en realidad hacer el amor es cortejar, enamorar y hacer sentir
única a la otra persona, así como preocuparse por ella y por su bienestar
general.
El
amor como una experiencia emocional
Cuando
una persona ama intensamente, se identifica con el otro, ocupándose del
bienestar y felicidad del sujeto amado, sintiendo el placer y el dolor del otro
como si fuese propio, a la vez que reacciona a lo que le sucede a su pareja de
la misma forma cómo reacciona ante acontecimientos que le afectan
personalmente. Esto facilita el proceso de la empatía, que lleva a la persona
que ama a evitar hacer algo que lastime al otro, así como a fomentar su
bienestar y felicidad.
Sólo
el ser que ama es consciente del sentimiento que experimenta y del alcance de
los sacrificios que podría llegar a hacer por el sujeto amado. De allí que
resulte tan difícil a veces entender ciertas conductas de la persona enamorada
y su capacidad de renuncia. Tal vez sea por ello que las personas muy
racionales y poco emotivas, califican el amor con expresiones como: “El amor es
locura” o “El amor es ciego”.
CARACTERÍSTICAS
PROPIAS DE LAS PAREJAS SANAS
Además
de las características antes descritas, existen otras propias de las personas
que son parte de parejas sanas. Entre ellas las siguientes:
·
Son personas seguras de sí mismas.
·
Se apoyan mutuamente.
·
Tienen libertad para actuar.
·
Saben posponer sus necesidades.
·
Pueden establecer relaciones profundas
y duraderas.
·
Aprenden de la experiencia.
·
Tienen una actitud positiva y
optimista.
Son
seguros de sí mismos
Las
personas seguras de sí mismas no tienen por qué experimentar los celos
patológicos que tanto lastiman una relación de pareja. Tampoco ocultan sus
sentimientos y son capaces de aceptar sus limitaciones, de la misma manera en
que aceptan sus cualidades y atributos que tienen, así como las cualidades que
posee su pareja.
El
concepto positivo (auto-concepto) que se tiene de sí mismo, se desarrolla
cuando una persona está segura de sí misma y por lo tanto puede transmitir esa
seguridad a la relación de apareja y darle seguridad al otro. Transmitir la
seguridad de que se es una persona confiable, que sabe lo que quiere y es
consciente de a dónde se dirige.
Se
apoyan mutuamente
Aquella
expresión que dice: “No hay peor enemigo del hombre que el hombre mismo”. Puede
ser interpretada como que el hombre como ser humano es el que más daño se hace
entre sí como especie, pero también podría ser interpretada en el sentido de
que cada persona puede ser su peor enemigo de sí mismo, en la medida en que se
lastime o se autocastigue, al hacer toda clase de cosas que vayan contra el
bienestar y la vida, trayéndole con el tiempo dolor, sufrimiento y la muerte
misma.
Las
personas que consumen tabaco, alcohol y drogas, por ejemplo, se hacen daño a la
salud, pero de paso pueden causar mucho dolor tanto a su pareja como a sus
hijos y familiares.
Una
condición para establecer una relación sana de pareja en la que se pueda
esperar ayuda mutua y se auto valoran. No podríamos esperar apoyo y valoración
de alguien que ni siquiera puede valerse por sí mismo y sobre todo valorarse a
sí mismo.
En
las parejas insanas uno o los dos miembros se lastiman a sí mismos y a los
demás con sus palabras o con sus acciones.
Tienen
libertad para actuar
Algunas
personas carecen de libertad para elegir entre hacer o dejar de hacer algo, en
las relaciones de pareja, algún miembro puede pretender quitarle la libertad de
elegir al otro, como si fuese un objeto de su propiedad que debe de pedir
permiso para toda clase de acciones, incluso tan insignificantes como a dónde
ir y con quién ir, qué comprar, qué ropa usar, etc.
Las
parejas sanas son conscientes de que aunque son una pareja cada uno tiene
libertad para decidir qué hacer y qué no hacer en el caso de aquellas
decisiones que siempre se han tomado individualmente.
Las
decisiones que atañen a la pareja y a los hijos deben ser tomadas de común
acuerdo, de una manera racional y adulta, sin tratar de imponer sus puntos de
vista.
Esta
libertad de elección también debe de cultivarse en los hijos y una manera de
hacerlo es teniendo en cuenta los siguientes puntos:
1. Promoviendo
una comunicación franca y abierta que permita a los hijos expresar lo que
deseen, a la vez que emitir sus opiniones, así como hablar de sus temores y de
sus ansiedades. Darles la razón cuando la tienen e invitarlos a comprender
también nuestros argumentos.
2. Establecer
reglas y límites claros y firmes, pero también flexibles, para facilitar que
los hijos desarrollen un sistema sano que les ayude a controlar sus impulsos.
Los hijos que obtienen todo lo que desean y al instante, tienden a volverse
esclavos de sus propios impulsos, perdiendo la libertad para elegir.
3. Hacerles
ver que tienen facultades para elegir, en especial en todas aquellas decisiones
que les concierne a ellos, como lugar en el que van a estudiar, dónde
vacacionar, ropa que usan, hobbies y gustos, etc.
4. Ayudarles
a tomar conciencia de que el poder tomar elecciones tiene sus consecuencias y
que tales consecuencias a veces no son tan positivas como uno usualmente
espera.
Saben
posponer sus necesidades
La
capacidad de posponer nuestras necesidades y la satisfacción de las mismas, es
una de las características que nos diferencian de los animales. El hecho de que
una persona pueda esperar entre el estímulo y la satisfacción un tiempo
razonable, tiene mucho que ver con la capacidad que se tenga para manejar la
frustración.
Las
personas con bajo nivel de tolerancia y poco manejo de la frustración se
vuelven irritables y explosivas cuando desean algo y no lo obtienen al momento.
La
capacidad de postergar los impulsos, las necesidades y la satisfacción de las
mismas, no debe de confundirse con debilidad o falta de espontaneidad.
Postergar los impulsos es tener la capacidad para pensar en la otra persona y
hacerle su vida lo más llevadera posible.
Pueden
establecer relaciones profundas y duraderas
La
capacidad de establecer relaciones profundas y duraderas con una pareja o con
otras personas como hijos, familiares y amigos, es algo que se aprende en el
hogar de parte de padres que saben comunicarse el afecto entre sí y comunicarlo
a sus hijos, así como establecer límites de una manera adecuada. De hecho esto
no es algo que se enseña, sino que se modela con el ejemplo.
Para
el establecimiento de una relación profunda de pareja, se requiere de dos
personas que han crecido en ambientes sanos en los que se promovía el respeto y
la empatía, con lo que aprendieron a ponerse en el lugar de los demás y a ser
tolerantes con las debilidades y errores del prójimo.
Niños
que han sido sobreprotegidos por sus padres, defendidos por estos de sus
compañeros, maestros y autoridades, cuando les han tenido que llamar la
atención por su conducta, que no han aprendido a superar las frustraciones y a
postergar sus impulsos, tienden a volverse demasiado egoístas e insensibles y
por lo tanto a esperar mucho de los demás, a la vez que ofrecen muy poco de sí
mismos.
Por
otro lado existen aquellas otras personas que pueden establecer relaciones muy
profundas, pero no duraderas y que van de una relación a otra en espera de
encontrar una en la que perdure el romance propio de la primera fase de una
relación de pareja. Estas personas tienen la facultad para salir de una
relación tan rápidamente como han llegado a ella.
Aprenden
de la experiencia
Una
pareja emocionalmente sana aprende que cada uno de los miembros debe de cambiar
su conducta, cuando perciba que ésta resulta contraproducente para el bienestar
de la relación.
Para
el establecimiento de estos cambios y ajustes, se requiere que sean personas
flexibles intelectual y emocionalmente. A no ser que algún elemento de la
pareja le pida al otro que acepte cambios en su manera de pensar o de actuar
con respecto a principios.
Un
miembro de la pareja podría pedirle al otro que cambiara en algunos de sus
valores o que por lo menos aceptara el hecho de que tuviese una escala
diferente de valores, mas no debería de ser así en relación con los principios.
Los principios no pueden quebrantarse, porque son los faros que rigen nuestra
vida, sin ellos nos sentiríamos perdidos como individuos y como parejas. Por
ello no podríamos pedirle a nuestra pareja que faltara a la rectitud, a la
integridad, la honestidad o la dignidad, por ejemplo, en aras de complacernos o
de demostrarnos su afecto.
Es
importante enfatizar también el hecho de que una persona no debe de cambiar
simplemente por darle gusto a la otra, sino que puede cambiar porque haya
comprendido cuáles son las ventajas de un cambio en un comportamiento del que
se ha dado cuenta le ha afectado en el pasado, o porque sea consciente de que
tal cambio le traería beneficios para su desarrollo como persona y de paso
traerá un beneficio para el buen funcionamiento de la relación.
Hacer
cambios solamente para complacer a la pareja, puede traer con el tiempo un
deterioro para la autoestima y sentimientos de frustración que pueden ser
almacenados como bonos por cobrar en el futuro con sus respectivos intereses.
Poseen
una actitud positiva y optimista
“Nada
ha cambiado a mi alrededor, excepto mi actitud y todo ha cambiado”, decía Tony
de Mello, sacerdote y psicólogo jesuita. La actitud lo es todo en una relación
cualquiera de tipo interpersonal y de manera muy especial lo es en una relación
de pareja.
Las
actitudes se encuentran respaldadas por creencias y las creencias determinan lo
que somos y lo que podemos llegar a ser. Si una persona cree que el matrimonio
es algo bueno para ella y que además se ha casado con la persona adecuada, hará
todo lo posible por demostrarse a sí mismo, a su pareja y a todas aquellas
personas que le rodean que efectivamente tenía toda la razón.
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